La Máquina del Tiempo de Hitler

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Adolf Hitler apoyó a los científicos nazis que trabajaron en la construcción de una Máquina del Tiempo

Una máquina del tiempo. Un invento ¿imposible? en el que trabajaron científicos de la Alemania nazi.

La historia no tiene desperdicio, y es esta:

‘Wunderwaffen’. Así se llamaba el departamento que dependía del Ministerio de Propaganda nazi, tan bien llevado por Josef Goebbels, y que se dedicaba nada más y nada menos que a las ‘armas maravillosas y milagrosas del Reich’.

Mentes brillantes al servicio de la industria nazi de la guerra

Los mayores cerebros de la gloriosa Germania de Hitler trabajaban en estas tareas. Mentes brillantes como Wernher von Braun, o lo que es lo mismo, el artífice del cohete V-2, así como del cohete Saturno V que llevó al hombre a la Luna. Grandes científicos expertos en infinidad de disciplinas que fueron reclutados de manera inteligente tras la contienda por los Estados Unidos, en la famosa ‘Operación Paperclip’. En definitiva, muchos de los proyectos que se quedaron estancados cuando Alemania pierde la guerra, serían posteriormente desarrollados por la Inteligencia norteamericana y puestos a su servicio para plantar cara a la Guerra Fría.

Dentro de los proyectos en los que se trabajaba en la ‘Wunderwaffen’, algunos llegaron a materializarse. Es el caso del mencionado V-2 o el ‘Elektroboote’, el primer barco eléctrico diseñado para funcionar completamente sumergido. También encontramos el ‘Fritz X’, una bomba guiada antibuques. El famoso ‘Proyecto Uranio’, para el desarrollo de la bomba atómica… En fin, aviones, tanques, misiles, gases nerviosos, armas y aparatos de guerra que salieron de los sótanos donde los «ratones de laboratorio» más inteligentes de la Europa del Eje trabajaban sin descanso.

¿Realidad o ficción?

Pero también existieron otros proyectos de los que apenas se habla. Proyectos a caballo entre la obra de Julio Verne -del que el Führer era un gran conocedor – y el surrealismo mágico. Esos que se engloban dentro de la imaginación popular y colectiva y que tantas buenas ideas literarias o cinematográficas han suscitado. Pero, ¿fueron ciertos? ¿Se trabajó realmente en la construcción de una base secreta en la Antártida? ¿Disponía Hitler del Arca de la Alianza y utilizó sus, a priori, fuerzas devastadoras, para intentar fabricar el arma de destrucción perfecta? O uno de los ingenios que más han fascinado desde siempre al ser humano: ¿consiguió Hitler construir la máquina del tiempo? ¿Fueron ‘Kronos’ y ‘Die Glocke’ (‘La Campana’) una realidad?

Situémonos temporal y geográficamente en el supuesto lugar de los hechos. Entre los años 1943 y 1945, miles de presos judíos de campos de exterminio como el de Aschwitz o Gross-Rosen, trabajaron a marchas forzadas en la Mina Wenceslao, en Silesia, Polonia. Su tarea, excavar decenas y decenas de kilómetros subterráneos donde albergar el mayor conjunto de laboratorios bajo tierra del Reich y del mundo. Era ‘Der Riese’ (‘El Gigante’). Un complejo entramado de galerías para realizar experimentos científicos, y cuya localidad de referencia era Ludwikowice. Gran parte de estos túneles no fueron terminados y son visitables hoy día por los turistas. Sin embargo, habría una extensa red aún por descubrir, en la que podría haberse llevado a cabo el operativo utltrasecreto que nos ocupa.

Las evidencias de La Campana: la maquina del tiempo de Hitler

Al igual que ocurre ahora con las investigaciones llevadas a cabo en Polonia para dar con el famoso ‘Tren del Oro’ nazi, aquellas frías tierras albergan un gran número de investigadores e historiadores que intentan desenterrar todo tipo de tesoros escondidos en ellas durante la ocupación germana. Es el caso del periodista y escritor Igor Witkowski, el mayor experto que existe hoy día sobre ‘La Campana’ (o máquina del tiempo). Discovery Channel o History Channel se han hecho eco en sendos documentales de las afirmaciones de Igor, quien afirma que tras acceder a unos escritos clasificados por el Gobierno polaco, pudo comprobar de la existencia de este artefacto parecido a una campana de iglesia. Se trataba de un revolucionario motor con propiedades anti gravitacionales, capaz de abrir una singularidad espaciotemporal. O sea, una puerta que posibilita la teletransportación y los viajes en el tiempo. ¡Una auténtica máquina del tiempo! ¿Fascinante, verdad?

Según el periodista varsoviano, no le hubiese dado tanta veracidad al extraordinario objeto, de no ser por la persona que se lo estaba describiendo. Su fuente era alguien de Inteligencia, bastante mayor, y que habría desempeñado importantes funciones de espionaje durante la Segunda Guerra Mundial. Su conocimiento acerca de la ‘Operación Kronos’, dentro de la cual se enmarcaba ‘La Campana’, era muy profundo. Incluso empírico. Hasta el punto que, al explicarle como se ponía en marcha con pelos y señales empleando terminología y razonamientos científicos, el autor afirma que fue capaz de visualizarlo en todo momento.

Fue la precisión de los dibujos realizados por su contacto, detallados al milímetro, lo que a Witkowski le llevó a afirmar que ‘Die Glocke’ existió y que el individuo que tenía delante lo había visto con sus propios ojos. “No era un charlatán viviendo en un mundo de fantasía. De eso estaba seguro”, sentenció en una de sus intervenciones para los medios especializados. Por todo ello se decidió a continuar las investigaciones sobre esa maravillosa máquina nazi.

Un invento…’decisivo para la guerra’

Algo que también ha llamado la atención de otros investigadores en la materia, es que dentro de todos los experimentos en física exótica que se llevaron a cabo por los científicos nazis, tales como materiales de invisibilidad anti-radar, misiles guiados, raíles electromagnéticos, rayos láser, aviones con motores atómicos, etcétera… solo ‘La Campana’ tenía el epígrafe de ‘Kriegsentscheidend’, es decir, ‘Decisivo para la guerra’, autorizado de puño y letra por el Führer.

¿Cómo era esa supuesta Máquina del Tiempo?

imagen de la llamada Campana nazi o máquina del tiempo

Otro aspecto a tener en consideración para dar garantías de credibilidad a esta historia, fueron los personajes que estuvieron al frente de ella. Al cargo de su desarrollo se situaba Han Kammler, ingeniero y oficial de alta graduación de las SS, quien también dirigió hacia el final de la guerra la fabricación de los cohetes tipo V. Considerado uno de los grandes cerebros tecnológicos de la Alemania nacionalsocialista, Kammler supervisó la construcción de ‘Die Glocke’, tras ganarse la confianza de su canciller al diseñar los precisos (y abominables) hornos de los campos de concentración.

Igor Witkowski relata que ‘La Campana’ estaba hecha de un material cerámico, recordando a un aislante de alto voltaje, y estaba sujeta al suelo mediante cadenas. Medía aproximadamente unos cuatro metros de alto, por tres de diámetro, y en su parte frontal había grabada una gran esvástica. En lo que respecta a la zona inferior o labio, se hallaban dos anillos rotatorios en direcciones inversas y cuyo interior estaba relleno de un líquido pesado parecido al mercurio. Un material que cuando los anillos comenzaban a girar a una increíble velocidad, producía una cegadora luminiscencia morada, así como un sonido parecido al zumbido de todo un enjambre de abejas. Se habla de que esa sustancia era extremadamente radiactiva, lo que provocó que muchos técnicos enfermasen de cáncer.

Eliminando pruebas de su existencia

Los últimos días de la Segunda Guerra Mundial fueron frenéticos para los nazis, quienes al verse ya acorralados, comenzaron a deshacerse de sus pertenencias más preciadas. Pertenencias materiales y humanas. Las SS se encargarían de ejecutar a muchos de sus científicos, antes de que cualquiera de sus experimentos de gran envergadura cayera en manos aliadas o, sobre todo, de Stalin.

De hecho, cuando el Ejército soviético estaba aproximándose a la Mina Wenceslao, el oficial al mando de la seguridad del lugar Jakob Sporrenberg no se lo pensó dos veces y condujo hasta el exterior a todos los hombres y mujeres que había allí dentro. Hasta un total de 62 científicos alemanes que trabajaban en la red subterránea de laboratorios ‘Der Riese’. Una vez fuera, les disparó a sangre fría un tiro en la cabeza. Unos hechos por los cuales sería juzgado en Polonia en 1952 como criminal de guerra y sentenciado a muerte.

Desde luego, está claro que cualquier evidencia de una máquina del tiempo, hubiera dado o no resultados positivos, se perdió con la vida de aquellos doctores, del propio Sporrenberg o, por supuesto, con la misteriosa desaparición de Hans Kammler. Quizás un día se desclasifiquen documentos rusos o norteamericanos y sepamos un poco más de ‘Kronos’ y ‘Die Glocke’. Pero, como ocurre en la mayoría de los casos, seguro que nos enteraremos de lo que ellos quieran que nos enteremos.

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